REGLAS PARA HABLAR CON TU
HOMBRE
Conversar no se les da tan natural como a nosotras, por eso te enseñamos la mejor manera de comunicarte con tu pareja
Entre la mayoría de las mujeres existe una creencia, hipótesis, casi sentencia, que indica que a los hombres no les gusta hablar. Puede ser que en casos muy específicos de chicos antisociales esto sea cierto, pero en realidad, esa idea que nos hemos hecho de que ellos odian conversar es muy general y debería completarse de alguno de estos modos:
A los hombres no les gusta hablar tanto como a las mujeres
A los hombres no les gusta hablar de los mismos temas que a las mujeres
A los hombres no les gusta hablar sin llegar a una conclusión
A los hombres no les gusta hablar por hablar
Acotando la frase a situaciones más precisas, las cosas cambian. No es que los hombres sean seres primitivos que rechazan la interacción profunda con las mujeres y que por de fault rehuyen cualquier conversación; sino que nosotras no sabemos abordarlos como su naturaleza masculina requiere y por eso no muestran el interés que esperaríamos hacia nuestras “reflexivas” pláticas.
Piénsalo, así como hay personas muy sensibles o enojonas con las que podemos conversar tranquilamente siempre y cuando las abordemos como es debido, también existen ciertos lineamientos para aproximarnos a los varones y entablar una comunicación efectiva en la que ambos participemos.
Regla 1: Un tema a la vez
Sabemos que tienes muuuuuucho que decir, que te han pasado cosas en el trabajo, con tus amigas, que estás interesada en tomar un nuevo curso y que tu vecina ha estado echándote unas miradas muy venenosas; pero si mezclas tantos temas en una sola conversación y nunca terminas de hablar de uno de ellos, el pobre hombre se va a perder y comenzará a pensar en otras cosas mientras tu le das rienda suelta a tu lengua.
De acuerdo con el libro Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas, escrito por los esposos Allan y Barbara Pease, el cerebro masculino no tiene la misma capacidad para transmitir información que el de las mujeres y por eso los hombres prácticamente hace malabares cuando se enfrentan al reto de seguir una conversación de varios temas al mismo tiempo. Como la situación les resulta muy frustrante, en la mayoría de los casos pierden el interés y se sumergen en su propia mente.
Regla 2: No lo interrumpas
Las conversaciones entre mujeres suelen ser un forcejeo constante para ver quien toma la palabra. Difícilmente se respetan los turnos para hablar y las interrupciones están a la orden del día. Aunque para nosotras este dinamismo al conversar sea muy entretenido y natural, cuando los hombres interactúan ¡se turnan al hablar! Si acaso llegan a interrumpirse es porque la conversación se está tornando competitiva o francamente agresiva entre ellos.
Para las mujeres interrumpir, encimar diálogos y compartir nuestras ideas justo en el momento en que surgen, demuestra interés y entusiasmo por el tema; pero para los hombres ¡NO!
Allan y Barbara Pease afirman que si interrumpes a tu chico cuando platica contigo, se sentirá ensordecido, abrumado y probablemente piense que eres muy mal educada o que estás minimizando sus ideas, así que evítalo.
Regla 3: Sé directa
Las mujeres somos maestras de las sutilezas. Con un cambio en el tono de voz, una palabra dicha de cierta manera o una insinuación, por lo general comprendemos el significado oculto en las palabras; no obstante, esto sólo funciona entre chicas. Cuando queramos comunicarnos con nuestra pareja no debemos emplear un lenguaje indirecto, sobre todo si nuestra intención es que capte la idea inmediatamente.
Una de las razones por la que nuestro novio no hace las cosas que le pedimos o no responde nuestras preguntas claramente es porque no le comunicamos nuestros deseos de manera literal. En lugar de decirle:
1. “Quiero ir a al cine, vamos, ¿no?”
Probablemente decimos:
2.”¿Tienes ganas de ir al cine?”
En el primer caso, él seguramente respondera que sí, aunque no le apetezca mucho, ya que buscará complacerte. Después de todo le dijiste que quieres ir a ver una película.
En el segundo caso, él simplemente puede contestar. “No, no tengo ganas” porque no le ha pasado por la cabeza que tu pregunta era en realidad una invitación.